A las 9 de la mañana, en la clase de 3ºB de Primaria, nos propusimos aprender bien la norma de la g suave. Podíamos haberla leído, copiado o repetido… pero decidimos cantársela a la ortografía.
En la pizarra fuimos escribiendo ejemplos: ga – gato, gue – Miguel, gui – guitarra, go – gorro, gu – guapos. Y también los casos con diéresis: güe – paragüero y güi – piragüista. Cada sílaba y cada palabra se convirtió en parte de una pequeña canción que repetimos juntos.
Lo curioso es que la dinámica funcionó tan bien que la melodía no dejó de sonar en clase durante horas. Entre risas, repeticiones y algún que otro “¡otra vez!”, la norma se nos fue quedando en la cabeza casi sin darnos cuenta.
Cuando el aprendizaje entra por el oído y por el ritmo, pasa algo curioso: la memoria hace su trabajo sola. Y viendo cómo seguían cantándola tres horas después, tenemos bastante claro que esta regla ortográfica ya no se les va a olvidar fácilmente.