En el primer ciclo de Educación Primaria hemos cambiado los pupitres por el rosco más famoso de la tele. Sí, hemos jugado a nuestro propio Pasapalabra, pero con cuentos.
La dinámica era tan sencilla como divertida: una letra, una pista y a ver quién adivina el cuento, el personaje o la palabra escondida. ¿Princesa que pierde un zapato a medianoche? ¿Lobo con muy malas intenciones y tres cerditos asustados? ¿Niño de madera al que le crece la nariz cuando miente? Un montón de manos levantadas a toda velocidad nos confirmaron lo que ya sospechábamos: nuestros alumnos saben muchísimo de literatura infantil.
Detrás del juego, además de las risas y los nervios sanos por acertar, hay aprendizaje del bueno: vocabulario, comprensión lectora, cultura literaria, escucha activa y trabajo en equipo. Y, sobre todo, ese mensaje que tanto nos gusta transmitir en clase: leer es una aventura.
Nos quedamos con las caras de concentración, con los aplausos al acertar y con las ganas de repetir.