“Ha sido una experiencia muy especial; no solo por el Camino en sí, sino por todo lo que compartes con los demás. Te ayuda a conocerte más y a valorar muchas cosas”
Diario del Camino
170 Kilómetros de convivencia, esfuerzo y flechas amarillas
Valladolid - O Cebreiro
Viaje de ida y toma de contacto. La niebla de O Cebreiro nos recibe con esa atmósfera mágica que solo Galicia tiene.
La primera cena juntos y el silencio lleno de expectativas.
O Cebreiro - Triacastela
Descenso desde las cumbres. Paisajes infinitos y el descubrimiento de las primeras flechas amarillas.
El paso por el Monumento al Peregrino en el Alto de San Roque.
Triacastela - Sarria
Caminamos entre robles y castaños centenarios. La variante de San Xil nos regala una Galicia auténtica.
La llegada a la animada Sarria, el punto donde el Camino cobra otra vida.
Sarria - Portomarín
Atravesamos el mojón de los 100 km. Un momento lleno de emoción para todos los peregrinos.
La bajada hacia el embalse de Belesar y la escalinata de Portomarín.
Portomarín - Palas de Rei
Una etapa de subida suave pero constante entre pinos y corredoiras. El cansancio empieza a asomar.
La merienda compartida al llegar, reponiendo fuerzas entre risas.
Palas de Rei - Arzúa
La etapa "rompepiernas" por Melide. Esfuerzo máximo compensado por la compañía del grupo.
Parada obligatoria para probar el pulpo en Melide.
Arzúa - O Pedrouzo
Penúltimo día. La cercanía de la meta nos da alas a pesar de los pies doloridos.
Caminar bajo el denso techo verde de los eucaliptos.
Pedrouzo - Monte do Gozo
Cerca ya de las torres de la Catedral. La emoción se siente en el aire.
¡Primera vista de Santiago desde el Monte do Gozo!
Santiago de Compostela
Entrada triunfal en la Plaza del Obradoiro. Abrazos, lágrimas y la sensación del deber cumplido.
El abrazo al Apóstol y la Misa del Peregrino.