El 17 de marzo nos escapamos con 4º de ESO a GekoAventura para cambiar el aula por el arnés y las zapatillas de escalada. Nada más llegar, cascos bien ajustados y primeras miradas a las paredes del rocódromo… de esas que mezclan respeto y ganas.
Empezamos probando las vías de escalada. Poco a poco, fuimos ganando confianza: buscar bien el apoyo, decidir el siguiente movimiento, tirar de piernas cuando los brazos ya avisaban… y, sobre todo, escuchar a quien aseguraba desde abajo. Hubo intentos rápidos y otros más pensados, pero en todos se vio esfuerzo y compañerismo: indicaciones, aplausos y ese “¡venga, que ya lo tienes!” que tanto ayuda.
Después nos lanzamos al circuito de aventura. Tirolinas, pasos de equilibrio sobre cuerdas y estructuras en altura que nos obligaron a concentrarnos de verdad. Aquí no valía ir con prisa: había que medir cada paso, mantener la calma y confiar en el equipo.
A lo largo de la mañana se notó el buen ambiente del grupo. Se animaron entre ellos, respetaron las normas y aprovecharon cada actividad. Y sí, también hubo risas (muchas) y algún “otra vez, que ahora me sale mejor”.
Volvimos cansados, pero con esa sensación de haber aprovechado bien el día.