1. Salir

(y adentrarse en tierras nuevas)

«El Señor dijo a Abraham: “Sal de tu tierra nativa, de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre y servirá de bendición» […] Abraham marchó, como le había dicho el Señor» (Gn 12,1-4).

Lanzarte al camino es dejar atrás un terreno conocido: casa, rutinas, horarios… Seguramente, en tu vida cotidiana haya algo de todo esto. Hay un espacio en el que se desenvuelve tu vida. Tienes tu ritmo vital, que depende bastante de las circunstancias concretas, de si estudias o trabajas, de tu familia, de la gente con la que vives, de la manera en que llenas tus días, de las calles por las que habitualmente pasas, de los bares en que te encuentras con tus amigos, de los libros que lees, de la música que escuchas, de las horas de ordenador… Todo eso ocupa tu horizonte cotidiano.

Y ahora sales. Como quien abre la puerta del hogar conocido, en el que todo está en su sitio, para adentrarse en una ciudad nueva cuyas calles apenas conoce. Lo desconocido tiene algo de amenazante, pero también algo de promesa. Incluso, el que sea percibido desde el miedo o desde la esperanza dependerá en buena medida del carácter de quien se adentra en ese territorio desconocido. El caso es que sales. Y, al salir, cierras la puerta y dejas casi todo a la espalda. Esperando tu regreso; pero, por el momento, ahí queda…

Salir al camino es aparcar un poco lo habitual, las rutinas y las costumbres, para zambullirte en un territorio diferente del que llena tus días. Es dejar a la espalda bastantes cosas. Sabiendo que volverás a ellas, pero que por el momento toca desprenderse.

Hoy cuesta dejar algo (o a alguien) atrás. En parte, porque estamos tan conectados que parece que te lo llevas todo en el móvil, que siempre estás a un clic de tus gentes, que instantáneamente te puede llegar un mensaje desde el otro extremo del mundo. Y por eso parece que no cabe el silencio, la distancia ni la espera. Sin embargo, el tiempo en el camino puede tener algo distinto.

Hoy puedes dedicar un rato a despedirte de lo cotidiano. No te preocupes. No pasa nada por frenar un poco o por tomar distancia. Tu vida sigue esperándote a la vuelta. Tus gentes estarán ahí. Unos días de lejanía pueden ser más que buenos y ayudarte a coger perspectiva. Déjalos quedarse atrás. A tus gentes, tus cosas, tus rutinas, tus preocupaciones, tus obsesiones, tus tareas pendientes…

No quieras llevar todo tu presente a cuestas. De algún modo el camino supone tomar un poco de distancia con respecto al día a día, sin llevárselo todo consigo. Sabiendo poner tierra de por miedo y aprendiendo a distinguir lo urgente de lo importante, lo inmediato de lo esencial, para aprender a ver tu vida desde una distancia que te ayude a clarificarte.

  • Por eso, haz ese ejercicio sencillo. Diles hasta pronto. Intenta aparcar, por el momento, lo cotidiano, dejarlo en suspensión, por utilizar el lenguaje de los ordenadores (esperando a que regreses).
  • Tiempo habrá para retomar las cosas. Serán unos días, unas semanas, quizás hastaunos meses. Pero es tiempo para mirar adelante. Abre al menos unas cuantas ventanas (ojalá muchas) a lo que te espera en el horizonte. Deja espacio para la sorpresa, para tus compañeros de camino si los hay –o para los que puedas encontrar. Deja espacio para el silencio o para la palabra nueva.
  • Desnúdate un poco de tantas capas como habitualmente llevamos. Piensa en todo esepeso más cotidiano y dile: “hasta pronto”.

Partir

Partir, en camino…

 

Partir es, ante todo,

salir de uno mismo.

 

Romper la coraza del

egoísmo que intenta

aprisionarnos en nuestro

propio yo.

 

Partir es dejar de dar vueltas

alrededor de uno mismo.

Como si ése fuera el centro del

mundo y de la vida.

 

Partir es no dejarse encerrar en el círculo

de los problemas del pequeño mundo al

que pertenecemos.

 

Cualquiera que sea su

importancia, la humanidad es más

grande, y es a ella a quien

debemos servir.

 

Partir no es devorar kilómetros,

atravesar los mares o alcanzar

velocidades supersónicas.

 

Es ante todo abrirse a los otros,

descubrirnos, ir a su encuentro.

Abrirse a otras ideas, incluso a las que se

oponen a las nuestras. Es tener el aire de

un buen caminante.

Hélder Câmara